Ocho días después de que Estados Unidos suspendiera las exportaciones de aguacate provenientes de Michoacán por motivos de seguridad, las autoridades de ese país retiraron por completo la alerta que había provocado el paro.
Con el levantamiento de la medida, las actividades del sector comenzaron a normalizarse durante el fin de semana. Las huertas retomaron las labores de corte, las empacadoras aceleraron nuevamente sus operaciones y los inspectores agrícolas regresaron a sus puestos para revisar y certificar la fruta antes de su ingreso al mercado estadunidense.
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Michoacán, principal productor de aguacate en México, concentra una importante actividad económica alrededor de este cultivo. El sector genera empleo para alrededor de 200 mil personas, quienes permanecieron en incertidumbre durante la suspensión de las exportaciones.
La situación generó distintas reacciones entre los trabajadores y empresarios. Mientras algunos celebraron la posibilidad de recuperar sus ingresos diarios, otros esperan que la presencia de fuerzas de seguridad contribuya a disminuir la violencia y las extorsiones que afectan a la región. También hay quienes consideran que la calma podría ser temporal.
La suspensión tomó por sorpresa a trabajadores como Isidro, un jornalero de 39 años con dos décadas de experiencia como cortador. Se encontraba trabajando en una huerta de Santa Ana Zirosto cuando recibió la instrucción de detener las labores, sin que se les explicara cuál había sido la amenaza que provocó la decisión.
Para algunos trabajadores, la interrupción representó la necesidad de buscar otras fuentes de ingresos mientras se reanudaban las actividades, especialmente en hogares donde el salario del campo constituye el principal sustento.
En las empacadoras también se aplicaron medidas de precaución. En una planta ubicada en Tacámbaro, el personal recibió durante la madrugada la instrucción de detener las operaciones y restringir los accesos, dejando las instalaciones prácticamente en cuarentena.
Aunque las autoridades estadunidenses no precisaron cuál fue la amenaza que originó la alerta, la situación ocurre en una entidad donde diversos grupos del crimen organizado mantienen presencia y han convertido la extorsión en una de sus principales fuentes de ingresos.
Productores han señalado que incluso algunos pagos al crimen organizado forman parte de los costos que deben enfrentar. Un empresario relató que llega a pagar alrededor de un peso por cada kilogramo de aguacate exportado, mientras moviliza cerca de 90 toneladas diarias hacia Estados Unidos.
A los problemas de extorsión se suman los robos de camiones cargados con aguacate en carreteras de la zona occidental de Michoacán. También se han reportado agresiones y retenciones de trabajadores agrícolas en áreas cercanas a los límites con Jalisco.

