El gobierno de los Estados Unidos lanzó una serie de ataques contra Irán, específicamente contra objetivos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) cerca del estrecho de Ormuz. Esta ofensiva militar ocurre en un contexto de máxima alerta, mientras la administración de Donald Trump advierte sobre un posible aumento de las hostilidades en la región de Medio Oriente.
El presidente Donald Trump confirmó que la operación fue una respuesta directa a presuntos intentos iraníes de colocar minas marítimas y al lanzamiento de ocho misiles contra una base militar estadounidense en Jordania. Según el Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM), los proyectiles fueron interceptados con éxito y las amenazas en el mar fueron neutralizadas.
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Durante una comparecencia oficial, Trump calificó la intervención como una respuesta justificada y necesaria para la seguridad nacional. El mandatario fue enfático al señalar que los ataques contra Irán podrían intensificarse significativamente si Teherán decide emprender cualquier tipo de represalia contra activos estadounidenses.
Además, el mandatario reveló que existe otra operación militar en fase de planeación. En un tono severo, lanzó una amenaza directa contra el gobierno iraní, sugiriendo que, de completarse las acciones previstas, las capacidades operativas de la República Islámica quedarían reducidas al mínimo.

