La emergencia por ébola en la República Democrática del Congo (RDC) continúa creciendo y ya dejó 1,887 personas fallecidas y 4,120 casos confirmados desde que el brote fue declarado oficialmente el pasado 15 de mayo, según el último reporte del Instituto de Salud Pública congoleño.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) expresó su preocupación ante la transmisión constante del virus y el incremento de casos y muertes. Su director, Tedros Adhanom Ghebreyesus, llamó a reforzar de forma “urgente” y “masiva” las acciones para contener la propagación de la enfermedad.
El principal foco se encuentra en la provincia de Ituri, donde la violencia protagonizada por grupos armados ha provocado desplazamientos y dificulta el trabajo de los equipos sanitarios. El brote corresponde a la cepa Bundibugyo, que actualmente no cuenta con una vacuna aprobada, y se ha detectado en cinco provincias y 51 zonas sanitarias.
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En contraste con la situación congoleña, Uganda declaró el fin de su brote de ébola a finales de julio, tras completar 42 días sin registrar nuevos contagios. En ese país se confirmaron 20 casos, 15 de ellos vinculados a contagios importados desde la RDC, con dos personas fallecidas.
La cepa Bundibugyo tiene una letalidad estimada de entre 30 y 50 por ciento, de acuerdo con la OMS. Por sus cifras, el brote de 2026 se encuentra entre los más graves de la historia y solo es superado por grandes epidemias registradas en África Occidental entre 2014 y 2016 y en el este de la RDC entre 2018 y 2020.

